El texto que voy a reproducir es parte de un libro que estoy escribiendo.
Un abrazo a todos.
Ernie Reid
CAPÍTULO IV
DEL ARTISTA Y SU DILEMA
He oído una y mil veces a la gente decir que la vida del artista debe ser maravillosa, como dejando entrever que son gente a quienes todo en la vida, por talentosos, les resulta fácil. Nadie lo describió mejor que Dire Straits en su canción “Dinero por Nada”. En su estribillo, la canción dice “…Eso no es trabajar / Así es como lo hacés, tocando la guitarra en MTV /dinero por nada y chicas gratis / quizá te salga una ampolla en el meñique / quizá te salga una ampolla en el pulgar…”. A los artistas todo les viene de arriba. Son constante objeto de aplausos, atención, alabanza, adulación y éxito. Este último tanto en lo económico, como con el sexo opuesto. ¿Quién podría pedir más?
Sólo hay un problema: esto simplemente no es cierto. La realidad me demostró, por sobre todo en lo que se refiere a los más exitosos a nivel profesional, que convivir con su condición de artistas les resulta casi un infierno. Conozco demasiados de ellos, algunos enormemente talentosos, que viven atormentados por dilemas existenciales, y el temor… temor a ser un fraude, al rechazo, a “secarse” como artistas, a perder la inspiración, a convertirse en una pieza de museo, a empezar a auto-repetirse y convertirse en una caricatura de sí mismos y, por sobre todo, a la vejez y al olvido del público.
Los artistas verdaderamente talentosos poseen una inteligencia emocional muy superior a la considerada “normal”. Son seres humanos hipersensibles. Fácilmente permeables a todo lo que los rodea, y de allí lo maravilloso en ellos, que los demás llamamos “inspiración”, “genialidad” o simplemente “talento”. Ellos “ven” y “oyen” aquello a lo que nosotros somos completamente ciegos y sordos. Los artistas son capaces de describir nuestros propios sentimientos, y acompañarlos de letra y música que nosotros juraríamos son iguales a las que nosotros usaríamos, si sólo supiéramos cómo… ¿Cuántas veces hemos escuchado una canción y pensamos “eso es exactamente lo que yo siento y, palabra por palabra, la misma forma en que yo lo diría”?. Por simple que sea la canción, nada en ella es casual. Todo es producto de esa irreproducible hipersensibilidad y superlativa inteligencia emocional.
Y cuando ella recibe formación académica y es cuidada y trabajada a lo largo de años, el resultado suele ser esplendoroso. Usando desde las más complejas explosiones de algarabía musical, hasta los más expresivos y sutiles silencios, los artistas logran escribir su arte en nuestras almas al punto de lograr que no podamos olvidar su obra por el resto de nuestras vidas. En otros casos, aún sin una formación académica intensa, hay artistas capaces de conmover al mundo entero a fuerza de una increíble capacidad de leer y transmitir su propia vida interior con una simpleza y efectividad asombrosas. Desde Wolfgang Amadeus Mozart a Los Beatles, haciendo escala en el núcleo del alma de Luis Alberto Spinetta. Mozart fue un genio musical cuya obra completa apenas si cabe en 200 CD’s, mientras que Paul McCartney y John Lennon nunca aprendieron a leer música. Luis Alberto Spinetta, en cambio, es un alma que habla todos los idiomas con música.
Artistas: Seres humanos tan incomprensibles como la fuente misma de su inspiración. Sólo cuando te explican de dónde surgió su inspiración para crear algo, y te cuentan cómo fue el proceso creativo y la asociación de ideas y sentimientos, todo parece obvio. El misterio está en cómo funcionan su alma y su cerebro, y cómo asocian una idea y un sentimiento con otra idea y luego otra más, y finalmente unen y ordenan esas asociaciones de ideas y sentimientos en forma de letra y música, hasta terminar presentando una obra que logra penetrar el alma de quien la escucha hasta, en algunos casos, dar la sensación de haber paralizado el tiempo mientras duró su ejecución. Y luego ya nunca podés olvidarla. Su talento te atrapó para siempre. Usando sus sentidos y los tuyos propios, te acarició el alma. Cuando eso ocurre, es imposible evitar entregarse.
El problema es que todas estas cualidades sin duda maravillosas tienen, como todo en la vida, una contrapartida. Los artistas tienen una necesidad incontenible de expresarse, ya sea por medio de su instrumento o de su voz. Necesitan ser escuchados, tienen una enorme necesidad de afecto y aceptación, y por eso son capaces de hacer cualquier cosa para mostrar su arte. Así, algunos hasta se hacen “adictos” al aplauso. Sea éste sincero o no. Por eso creen en lo que la crítica dice de ellos, particularmente si es positivo. Cuando es negativo, se sienten profundamente heridos, porque sienten esa crítica como un ataque personal al producto de su inspiración, a su propia alma. Y tienen razón. Es la crítica la que por ego menosprecia aquello que no entiende; porque para comprender el mensaje de un alma que se expresa, primero hay que abrir el corazón, e intentar sentir con ella. Y sabido es que quien elige criticar la obra ajena como medio de vida, raramente es capaz de alcanzar la profundidad de contemplación y expresión de su creador. Si lo hiciera, ya no podría criticar nada. Tendría que limitarse a abrazarlo y celebrar el momento compartido. No es negocio.
Su hipersensibilidad hace que los artistas sean proclives a caer en profundos pozos depresivos y, aunque no lo demuestren, en cada una de sus presentaciones, exponen su alma en carne viva. Esto es particularmente cierto cuando presentan un nuevo disco. El acto de exponer por primera vez sin red aquello que compusieron con el alma, los pone en una situación de enorme vulnerabilidad. La recepción que el público y la crítica “especializada” brinden a esa presentación, si es fría o despectiva, tiene sobre ellos un efecto potencialmente devastador.
En muchos casos que, a pesar de ser archi-conocidos, sería de muy mal gusto enumerar, ésa es la principal causa de su caída en el uso de drogas y alcohol. Todo empieza casi como un juego, el alcohol los desinhibe y las drogas actúan como antidepresivos, incluso incrementando momentáneamente su concentración y sobrealimentando artificialmente su creatividad. Al menos, así es al principio. Antes de que logren darse cuenta, son prisioneros de aquello que va a terminar con su carrera, su arte, su familia, sus amistades, y muy probablemente con su vida. Entonces sobrevienen los largos períodos de auto-reclusión, de bloqueo creativo y finalmente, algunos adquieren un cinismo tan auto-destructivo, que hasta pierden las ganas de vivir.
Sé que todo esto que acabo de decir puede parecer increíble, pero es absolutamente cierto.
Cada uno hace de su vida y su arte lo que quiere, pero después de haber dicho esto, quiero agregar algo que no pretende ser un consejo, sino una advertencia: las drogas y el alcohol te van a convertir en un idiota en quien nadie va a confiar para encarar un proyecto serio. Y después, te van a matar. Te digo esto porque aunque aún no te haya ocurrido, puedo garantizarte que va a pasar. En algún momento, algún día, más temprano que tarde, cuando te vean débil o agotado, alguien con una agenda escondida te va a ofrecer una “ayudita”. Tu reacción en ese preciso momento, va a ser un punto de inflexión para el resto de tu vida. Es crucial que elijas VIVIR. Los artistas muertos no cumplen sueños.
Conozco artistas que pueden ejecutar escalas de 50 semifusas seguidas en sus guitarras sin errar una sola nota, pero no tienen la menor idea de qué es endosar un cheque, ni cómo se hace, ni para qué sirve. “¿Qué es un cheque?” Tampoco les importa. Pueden sentarse frente a una consola digital y programar la mezcla completa de un tema entero en un par de horas, pero no sabrían cómo hacer para pagar en término los servicios de su propia casa. Y mucho menos recordar sus fechas de vencimiento. ¿te suena?. Y no es que sean tontos. Son brillantes, es sólo que todo lo que requiera de esquemas rígidos y pasos rutinarios los aburre hasta asfixiarlos. Saben que tienen que hacer una u otra cosa, pero les resulta tan aburrido encararlas, que simplemente las ignoran, en la esperanza que el sólo hecho de pensar en otra cosa, hará que los asuntos prácticos se resuelvan solos. De allí que haya tantos artistas geniales en quiebra.
Por otro lado, su condición de hipersensibles y permeables a todo lo que los rodea, los convierte en personas fácilmente influenciables. Eso explica por qué parecen dudar constantemente sobre qué dirección darle a sus carreras. Incluso, casi todos, en algún momento de su carrera, llegan a dudar de su propio talento. Ellos escuchan todas las voces: tanto las de los que saben y se preocupan por ellos y su bienestar, como así también las de los que no saben y opinan por deporte o tienen dudosas intenciones. Su propio desconocimiento del otro lado del escritorio del negocio les genera inseguridad y, al cabo, les resulta difícil discernir entre quién tiene razón y quién habla porque tiene una boca. El resultado usual, es que se ahoguen en un vaso de agua.
Si te sentís perturbadoramente identificado con esta descripción, no te hagas problema. No te vas a morir de esto. Es sólo que necesitás un manager. Un pragmático conocedor de qué hay en cada cajón del otro lado del escritorio de la industria, que se encargue de mostrarte el camino correcto, ordenarte los detalles de la vida diaria de cualquier artista, los horarios, los shows, las giras y su logística y que te mantenga al margen de distracciones innecesarias. Esto es particularmente cierto al principio de tu carrera, cuando aún no conocés tu propio negocio en profundidad. Ocurre que vos aprendiste música, pero nadie te enseñó cómo ganarte la vida con ella. Al menos, no mucho más allá de dar clases particulares del instrumento que aprendiste a ejecutar. A eso se debe que al principio cometas los errores estratégicos más básicos. Sabé que esos errores no marcan el fin de tu carrera, sino el principio de tu experiencia. Es sano que te equivoques. Es aún más sano que aprendas de tus errores. Como todos nosotros.
Cerré el capítulo anterior diciéndote que nadie llega sólo, y creo que ahora está claro el por qué. Como artista, estás preparado para hacer y deshacer sobre el escenario lo que quieras a tu entera voluntad y habilidad, porque ése es tu hogar. Pero antes de subir, e inmediatamente después de bajar de él, necesitás de toda la ayuda y el apoyo que puedas encontrar. Como dije también en el capítulo anterior, tené mucho cuidado de quiénes te rodeás: mucho más allá de ser sólo una circunstancia, quienes te asisten fuera del escenario, son la diferencia entre el éxito y el fracaso más predecible.
Y no se trata de que seas un tonto o un inconsciente fuera del escenario, es sólo que tu cerebro y tu alma sintonizan otra radio, y el mero hecho de que estés viendo y oyendo aquello a lo que los demás somos ciegos y sordos, significa que al menos parte de tu atención está distraída y pasando por alto cosas que los demás vemos y oímos, pero vos no.
Para cerrar, nunca olvides que gran parte de la admiración que la gente te profesa a diario, lleva intrínseca una necesaria carga de envidia y frustración. Sanas, o de las otras. Cualquiera sea el caso, lo importante es que nunca te tomes esa admiración demasiado en serio. ¿por qué? Porque no vale la pena. Vos sos vos más allá de lo que los demás opinen, y querés ser un músico prestigioso, no una celebridad.
Siempre, expresate con el alma. Todo lo demás pasa de moda.
jueves, 9 de febrero de 2012
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- I am from Buenos Aires, Argentina. Born on October 7th, 1963. I earn my corn as a strategic marketing specialist, coach, and teacher. I have worked in the music indutry for almost 20 years now.

